• Nuevos vientos de justicia.
Cuando los
responsables de administrar y procurar Justicia, son los que la contradicen,
son ellos mismos quienes la obligan a tomar otros derroteros.
Es entonces
cuando la Justicia equivoca el rumbo, y su nítido camino se torna un sendero
sinuoso e incierto.
Y ya perdida
en esos laberintos de la apatía, la Justicia se ve obligada a tomar caminos
torcidos.
Luego es
notoria la perversidad de aquellos que la aplican.
Porque son
ellos quienes, la tejer redes de maldades, la sesgan, la tuercen, y la llenan
de vicios.
Así es.
Son ellos,
quienes, desoyendo principios salomónicos, sin ética, ni moral, la tornan sorda
y ciega conduciéndola a los separos de las penumbras de lo insano y lo impío.
Son ellos
quienes con su negativo proceder la conducen al oscuro rincón de la ignominia y
la separan de la línea vertical de la parcialidad.
Son ellos,
pues, quienes la llevan por los vericuetos de la falsedad, la impunidad y la
maledicencia.
En pocas
palabras, son ellos quienes la prostituyen, postrándola en la horizontalidad
para violarla.
Porque la
Justicia, que es merecedora de ser una de las Cuatro Virtudes Cardinales, por
sí sola es esencia pura de la honestidad, de la rectitud, de la imparcialidad.
Luego
entonces, emana dignidad, decencia y honorabilidad.
Y como tal,
constituye uno de los preceptos más sensibles para la convivencia y el
bienestar de los seres humanos.
Por eso,
usted inteligente lector, estará de acuerdo conmigo que, para un gobierno, la
Justicia debiera ser un asunto único e indiscutible e irrebatible.
Al igual que
un tema toral, como lo es la salud y la educación.
¿Por qué...?
Porque para
un conglomerado social, la Justicia tiene que ver con su integridad, sus
bienes, su tranquilidad, su seguridad, su libertad, e incluso su vida.
Pero, ¿qué
pasa cuando la Justicia se ausenta?
Obviamente se
transforma en injusticia.
Y en
contrasentido trastoca honestidades, lesiona inocencias, vulnera libertades.
Y como
nefasta consecuencia, desde las azoteas del poder asoma nebulosas
complicidades, desaciertos y abusos.
Pero lo peor
es que transformada en injusticia, transgrede reglas, infringe normas,
perjudica y conduce al pueblo a su más cruel estado de indefensión.
Y todo ello
en su conjunto, ofrece coraje, desesperanza e impotencia.
Por todo lo
anterior, quiero creer en que, a partir de mayo próximo, soplarán nuevos
vientos de Justicia.
Ojalá y así
sea.
Porque cuando
la Justicia fallas, falla el sistema y sufre el pueblo.
Cuestión de
tiempo