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Hoy es jueves, 3 de abril de 2025

1% de la población mundial padece el Trastorno del Espectro Autista

• En México, un estudio de 2016 realizado por Autism Speaks y la Clínica Mexicana de Autismo (CLIMA) identificó que 1 de cada 115 niños tiene autismo, presentándose mayormente en ni-ños que en niñas e identificando que, por cada 5 casos de autismo, 4 de ellos son hombres y 1 es mujer.

1% de la población mundial padece el Trastorno del Espectro Autista

 

La Paz, Baja California Sur.- Especialistas de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) de la Secretaría de Salud (SSA) hacen un llamado a la sensibilización social sobre el Autismo que, de acuerdo a estimaciones, padece una de cada 100 personas en el mundo.

 

Los especialistas en neurología, psiquiatría y salud mental explicaron que el Autismo, cuya denominación correcta es Trastorno del Espectro Autista (TEA), consiste en una condición de origen desconocido, que implica un desarrollo atípico del cerebro y que plantea dificultades en la interacción social y en la incorporación a la vida comunitaria de aquellos que lo padecen.

 

En 2007, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 2 de abril como el Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo, con la intención de sensibilizar y sensibilizara la población sobre las condiciones del espectro autista.

 

El autismo también conocido como Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un grupo de diversas afecciones que afectan el sistema nervioso y el funcionamiento del cerebro.

 

En México, un estudio de 2016 realizado por Autism Speaks y la Clínica Mexicana de Autismo (CLIMA) identificó que 1 de cada 115 niños tiene autismo, presentándose mayormente en niños que en niñas e identificando que, por cada 5 casos de autismo, 4 de ellos son hombres y 1 es mujer. 

 

 

·        Signos y Síntomas

Las personas con TAE pueden presentar diversos síntomas. Algunos de los signos de alerta en las y los niños, son:

 

·        No responder a su nombre (a los 12 meses de edad).

·        No señalar los objetos para demostrar su interés (a los 14 meses de edad).

·        No jugar juegos de simulación (a los 18 meses de edad).

·        Evitar el contacto visual y querer estar solos.

·        Presentar retrasos en las destrezas del habla y el lenguaje.

·        Repetir palabras o frases una y otra vez.

·        Dar respuestas no relacionadas con las preguntas que se les hace.

·        Tener intereses obsesivos.

·        Aletear las manos, mecerse o girar en círculos.

·        Su lenguaje es literal, no entiende las bromas, los chistes, los dobles sentidos ni las metáforas

·        Evitan en contacto físico, acostumbran tener hipersensibilidad táctil, olfativa, gustativa u auditiva.

·        Los que presentan más nivel intelectual, notan que son diferentes y no entienden qué les pasa.

 

Las alteraciones se identifican desde el inicio del desarrollo infantil, del desarrollo neuronal y del desarrollo del cerebro. Los principales rasgos se pueden detectar desde los primeros meses de vida en los que se hacen evidentes diferencias con respecto al denominado desarrollo típico que tienen la mayoría de las y los niños. El TEA pertenece al mismo grupo que el Trastorno de Déficit de Atención, los Trastornos del Aprendizaje y los Trastornos del Desarrollo Intelectual, antes conocidos como retraso mental.

 

Especialistas de la Conasama aclararon que en medicina los TEA no son enfermedades en un sentido estricto porque para denominarlas de esa manera, se requiere de ciertas características específicas, particularmente que sea posible llegar a un diagnóstico a través de estudios de imagen o estudios de laboratorio, lo que en el Trastorno del Espectro Autista no ocurre, en virtud de que su diagnóstico es enteramente clínico. 

 

El TEA se caracteriza porque la persona que lo padece presenta alteraciones en la parte socioemocional a través de patrones restringidos de actividades e intereses, acompañados de cambios en funciones ejecutivas y déficit cognitivo.

 

Enfatizaron que el diagnóstico se realiza mediante una entrevista clínica al paciente y a los familiares, cuidadores, profesores, compañeros de escuela que aporten información complementaria de la escuela o de los lugares en los que la persona se desarrolla. De esta manera, dijeron, es posible realizar una evaluación poliédrica y multidimensional del individuo y certificar que las características propias de la condición se presentan en todos los contextos y no sólo en algunos.

 

Lo pacientes con TEA suelen presentar alteraciones en la comunicación socioemocional y en el lenguaje, patrones de comportamiento restringidos y repetitivos. En muchos casos suelen presentar ecolalia, que es una perturbación del lenguaje que consiste en repetir involuntariamente una palabra o frase que acaba de pronunciar otra persona en su presencia, generalmente sus padres o cuidadores primarios. Sobre el lenguaje también presentan la característica de que son niñas y niños que no balbucean, rasgo que puede ser una señal de alerta para acudir a diagnóstico médico.

 

Con respecto al desarrollo socioemocional, personas con TEA suelen comportarse de forma distinta a la mayor parte de los infantes.  En el desarrollo típico de las y los niños, se percibe que desde pequeños empiezan a sonreírle a su cuidador, a tener una comunicación no verbal basada en el contacto visual y existe una interacción social entre ambos, a pesar de no haberse desarrollado todavía el habla. Esto no ocurre con personas que padecen este trastorno.

 

Los infantes con TEA no miran a los ojos y no manifiestan reciprocidad social con la persona que los cuida; elementos de sospecha que podrían tomarse en cuenta para acudir a una valoración más exhaustiva.

 

Hay alteraciones también en el juego; en la medida en la que van creciendo se nota la incapacidad de realizar juego simbólico que no es otra cosa que el juego en el que interviene la imaginación y en el que se crean historias, en el que por ejemplo de pronto un lápiz puede ser un avión. Esto no lo hacen quienes padecen TEA, sino que más bien se enfocan en objetos extraños que pueden generarles mucho más interés. Por ejemplo, pueden quedarse observando fijamente la manera en la que giran las aspas de un ventilador.

 

Los pacientes con TEA pueden tener discapacidad intelectual o no tenerla y es importante hacer la diferencia. Si presentan discapacidad intelectual, el pronóstico es desde luego menos favorable, pero hay quienes no la tienen e incluso aparentan tener una inteligencia superior porque suelen centrarse en temas muy específicos sobre los que tienden a desarrollar un conocimiento profundo en línea con los patrones de intereses restringidos y repetitivos que caracterizan a esta condición.

 

Las y los especialistas de la Conasama mencionaron que las personas con TEA tienden también a desarrollar una inflexibilidad en la modificación de las rutinas. Suelen angustiarse mucho por los cambios, incluso los más sutiles como podría ser la modificación de la ruta para ir a un lugar. Las transiciones de mayor alcance como mudarse de casa o cambiar de cuidadores primarios les afectan de manera muy acentuada, generándoles una aguda sensación de angustia.

 

Un rasgo adicional es que los pacientes de TEA a menudo presentan hipersensibilidad o hiposensibilidad a los estímulos sensoriales. De pronto les puede molestar mucho el ruido -una licuadora-, o estar en lugares muy concurridos puede generarles altos niveles de angustia, apuntaron.

 

En lo que a la alimentación se refiere, en muchos casos son muy reticentes porque no aceptan ciertos ingredientes en los alimentos; los sabores muy intensos les desagradan mucho y mientras que la mayor parte de los padres ven todo esto como una conducta negativa, lo cierto es que ese comportamiento se debe a la hipersensibilidad a los estímulos sensoriales propia del trastorno que padecen.

 

Los expertos señalan que también es frecuente que la hipersensibilidad de la que se ha hablado no resulte incompatible con una hiposensibilidad ante estímulos sensoriales en otros ámbitos. Así, es muy común encontrar pacientes de TEA que son indiferentes al dolor o a la temperatura, por lo que hay que tener cuidado porque se pueden estar quemando y no reaccionan porque no sienten las molestias ni el dolor propios del contacto con un objeto muy caliente.

 

Una conducta típica en estos pacientes es, por ejemplo, que cuando los llevan a vacunarse no lloran tras recibir la inyección, y no lo hacen porque en realidad no les duele, señalan expertos y expertas de Conasama.

 

El tratamiento para los pacientes con TEA está basado fundamentalmente en un conjunto de terapias que van desde las del lenguaje pasando por terapias de comunicación, de estimulación sensorial, de desarrollo socioemocional y hasta llegar a aquellas centradas en la rehabilitación motora.

 

Farmacológicamente no hay un tratamiento indicado para el autismo y no existen medicamentos que aceleren el desarrollo cerebral. Se utilizan fármacos, cuando existen comorbilidades o para atender situaciones puntuales de conducta que pueden ser muy graves. Si hay mucha desregulación emocional, se suelen utilizar inhibidores selectivos de la reabsorción de la serotonina (comúnmente conocidos como antidepresivos), abundaron.

 

Algunos pacientes con TEA también padecen trastornos obsesivos, por lo que para el control de impulsos se utilizan antipsicóticos como la risperidona o el aripiprazol. De entre las niñas y los niños aquejados por este trastorno, un alto porcentaje presenta un cuadro de Trastorno de Déficit de Atención, y en estos casos se emplean también estimulantes como el metilfenidato, pero, enfatizaron los médicos, un tratamiento farmacológico específico para el autismo, no existe.

 

La base del tratamiento siempre va a ser la terapia, que se diseñará y administrará dependiendo de las características específicas de la niña o el niño. Las y los especialistas subrayaron que la intervención en favor del paciente debe de ser por lo tanto interdisciplinaria.

 

Si bien se desconoce el origen preciso de este trastorno, sí se tienen identificados algunos factores de riesgo como el que los padres sean añosos al momento de concebir (más de 35 años de edad en la madre y de 38 en el padre), fumar durante el embarazo, tener contacto durante la gestación con organofosforados especialmente durante el tercer trimestre o el concebir a través de inseminación artificial. En cualquier caso, los expertos coincidieron en cuanto a que los factores de riesgo no son determinantes puesto que no hay en realidad una causa específica.

 

Finalmente, los investigadores de Conasama concluyeron que es necesarios poner atención en el desarrollo durante los primeros 5 años de vida, ir a las consultas mensuales con el pediatra para estar monitoreando la evolución del menor, vigilar el desarrollo socio emocional durante los primeros mil días de vida. Es en esta etapa, señalaron los expertos, cuando es posible ir identificando rasgos de alerta. El diagnóstico del TEA puede hacerse desde antes de los dos años y mientras más temprano se dé, mejor será el pronóstico, porque se podrán empezar a desarrollar las habilidades necesarias para una mejor inserción social a través de la rehabilitación, concluyeron los expertos.